martes, 28 de octubre de 2014

Publicidad engañosa.

Continuamente le decían que el tiempo todo lo cura, que tiempo al tiempo, que el tiempo pondrá todo en su lugar. El tiempo convertido en nuevo Dios de los desesperanzados.

Él, frustrado por no poder matar al maldito tiempo y cansado de vivir muerto, decidió pasar sus siguientes años congelado. Pero congelado de verdad, es decir, en una cámara frigorífica. Y que le sacaran cuando el tiempo le hubiera curado.

Diez años después, abrieron la puerta de la cámara en la que se encontraba y lo descongelaron.

Lo primero que hizo fue mirarse al espejo y constatar la primera negación del tiempo como un Dios ordenador: no existía un ápice de cambio en él. Pero eso era algo que se podía haber esperado.

A continuación fue a buscarla.
A la calle de siempre, al mismo sonido del timbre de siempre y el mismo olor a primavera de siempre.
Segunda y definitiva verificación de la negación: sus ojos seguían doliendo de lo verdes que seguían siendo y su sonrisa seguía bailando al son de su risa.
Solo encontró un diminuto cambio en la realidad; tres arrugas: dos enmarcando su mirada y otra en la comisura de los labios. Pero como no suponían una real diferencia no las consideró.

Conclusión: el tiempo no cura nada, no lo compréis.

Día 362.

Vengo de verla.
Conclusión:
Voy a pintarme el alma del color de sus ojos para que mis mariposas puedan vivir siempre en primavera.
Y su sonrisa me la quedo yo porque aunque inventase los insectos sonrientes está prohibido ser más bonito que ella.