domingo, 30 de junio de 2013

Cuenta la leyenda que una vez cumplieron una promesa. Incluso dos.

No era una tarde distinta de las demás. La taza de café era la misma, comprada hacía un par de años en Italia, el contenido también igual, quizás un poco menos amargo aquella tarde, aunque no lo había notado; y el cuadro al que miraba fijamente tampoco se había movido de esa pared desde hacía años.
Le recordaba a una vieja promesa hecha mientras lo colgaban tiempo atrás. "Lo quitaré cuando deje de quererte" comentó sonriendo mientras se besaban. "No te dejaré quitarlo, entonces" contestó. "Pero te vas". "Volveré". "No te creo". "Lo prometo".
No se habían vuelto a ver.
Había estado al borde de quitar ese cuadro millones de veces, pero siempre se había terminado decantando por creer en las promesas, al menos en una en toda su vida. Además, no le gustaba mentir.
Aquella tarde se lo volvía a plantear. Torció la cabeza para mirarlo de otra manera. Si lo quitaba, estaría engañando a su propia promesa, la estaría rompiendo. Pero eso significaría que tampoco había sido cumplida la otra.
Un timbrazo terminó con sus especulaciones. En un primer momento ni pretendió moverse, así que dio otro sorbo al café.
Un segundo toque hizo que por fin se levantara con intención de ir hasta la puerta, pero un tercera llamada hizo que su cuerpo quedara inmovilizado recopilando la información.
Segundos después miró el cuadro, miró la taza y la dejó sobre el alféizar de la ventana, y nunca nadie volvió a saber de ella, quizás se caducó el café; y salió corriendo hacia la puerta.
Una vez la cerró desde fuera no volvió a ser abierta y no se volvió a pisar aquel lugar. El cuadro tampoco fue descolgado jamás.

sábado, 29 de junio de 2013

Versos vacíos de anhelos.

De vacíos existentes se disfraza nuestra historia.
Perdón, mi historia.
De un nosotros que no fue se compone mi memoria,
y mis ganas, y tu olvido.
De quererte y no poderte, mi futuro
y de nunca perdonarte, mis instantes.
De no perdonarme. De no tener que perdonarte.
De ser lo que no quisiste y no ser lo que pensé,
lo que sentí.
De sentir que ya no tengo ni disculpas ni pretextos,
que a quién le pongo ahora el nombre de mis versos.
A quién, si ya no quiero ni quererte ni no hacerlo,
a quién si ya no puedo retenerte entre mis dedos,
atraparte en mis deseos ni extraviarte entre mis besos.
Si nunca he podido, si solo he pedido.
Si no te he perdido; nunca te he tenido.

lunes, 24 de junio de 2013

Por las fechas de caducidad inexistentes.

Duele como el corazón nuevo de porcelana recién comprado que (suicida, en realidad) cae desde el estante rompiéndose en mil recuerdos. Como las sábanas recién cambiadas que no pierden tu olor porque se ha quedado olvidado en la cama. Como el sol que sigue saliendo a pesar de no ser tuyo y estar más lloviendo que nunca. Como el chocolate caducado que no llegó a tu boca y hoy amarga en la mía porque no decide a irse.
Duele como cada canción que ya nadie canta si no tiene a quién.
Duele porque ha sido, porque es y no será.

"Idiota, tan idiota que aún ahora no lo entiendo."

Quiso bailar. Y bailó.
Bailó primeros reversos, bailó nuevos comienzos. Bailó extrañas sonrisas, las hizo conocidas, las hizo todas suyas. Bailó sin darse cuenta, saltando hasta su vera. También sin enterarse, bailó con sus caderas, se hizo adicta a ellas.
Bailó sus emociones, mezclándolas con ron. Se le subió tanto el alcohol que se quiso emborrachar. Bailó entonces sin norte, sin foco y sin sofoco. Bailó hasta con sus dedos recorriendo sus "no quiero". Escupió de una patada los reparos que quedaron y bailó sin ser consciente hasta el más profundo opuesto. Bailó y quiso atreverse a querer al enterarse de que ya era tan tarde para desenamorarse. Bailó al final a saltos, a jetés y entre allegros. Bailó hasta su consumación y gritó.
Gritó suspiros, olvidos y descuidos. Gritó silencios, compases y cambrés. Gritó porqués sin entenderlos. Gritó sin dejar de llorar que ella nunca pretendió amar, que ella solo quería bailar.

domingo, 23 de junio de 2013

"Que bailar es soñar con los pies."

Morir sin morir
al ver tu reir.
Querer recordar
amar sin parar.
Sentir que al final
sí soy de cristal.

Figuras eternas
bailando a tu son,
tras un corazón
que no espera más.

Eternos pliés
se inclinan por ti.
Esbozo un fondu,
acabo a tu pies.

Y eterno éffacé
el que intentaré
tan dentro de mi
y tan lejos de ti.

"Que bailar es amar con los pies."

miércoles, 19 de junio de 2013

Bemoles escondidos, silencios excedidos.

Recuerdo el ligero susurro,
el alegre murmullo
el sonido de tu voz.

Disparaste contra muros,
la lanzaste contra escudos
traspasaste mis seguros.

Los retuviste capturados,
[mientras]
uno a uno tropezaban, sin saber
que tu eco les iba a perder.

Fui la primera en caer
la primera en idear
una realidad compuesta por abstractos.

Abstractos que viajaron
contigo, lejos de mis cuentos,
de mis besos y te quieros.

Abstractos que perdieron
mi ilusión y tantos peros;
que ganaron mis recuerdos.

miércoles, 12 de junio de 2013

Vanos intentos de matar al eterno enemigo.

Casi no apartaba la vista de ella mientras copiaba sus curvas. A pesar de ello, no había necesitado rectificar su dibujo ni una sola vez. En realidad solo la miraba porque siempre la había considerado su paisaje favorito y ya que tenía una excusa para no despegar sus ojos de ella no iba a desaprovecharla, pero sabría colocar perfectamente todos los lunares sobre su piel si le dieran un mapa mudo de su cuerpo; sabría decir cuántos centímetros sobrepasaba su pelo la altura de sus hombros y el número de ondas que hacía cada uno de sus mechones.
Se sabía la tonalidad que adquiría cada recoveco de su tez al darle la luz del sol, de los focos o de la alegría de su amor.
Conocía el grosor de sus labios cuando la besaba, cuando ella la besaba a él y cuando no quería besar. También cuando bebía chocolate caliente y se volvían de color negro durante unos instantes. Solo unos instantes porque a él también le gustaba el chocolate. Y sus labios.
Podía decir cuántas objeciones soportaría ese día por el color con el que hubiera decorado sus uñas, pero cuando no se las pintaba, era imposible. Aunque él también lo sabía.
Era capaz incluso de atrapar fugaces pensamientos según volaban por su mente por la expresión que adquirían sus ojos, las arrugas que aparecían en su ángulo exterior o la forma que tomaban sus cejas.
Aunque eso siempre había sido lo más complicado, nunca dejaba de aprender, nunca dejaba de descubrir cosas nuevas. Y aún siempre se le escapaba esa mirada de difícil interpretación que de vez en cuando sorprendía cruzando veloz sus ojos.
Ahora la tenía alojada en ellos mientras seguía mirando de perfil a cualquier infinito desconocido para él. Cuando miraba así él se perdía, perdía y se rendía. Quizás algún día la descubriría.
-Terminado - anunció, dejando caer el carboncillo sobre la caja de pinturas.
Ella relajó la mirada, la fijó en él y sonrió. Pero no se movió. Sabía que no le hacía falta. Él iría a su encuentro en unos segundos. Es más, ya estaba allí.
-¿Puedo verlo? - Canturreó levantándose del taburete y avanzando hacia el lienzo sin esperar su consentimiento.
Cuando llegó hasta él se encontró con un dibujo que databa de diez años atrás, con trazos medio borrados que él se encargaba de repasar cada día. Le propinó una bofetada.
-¿Cuántas veces te he dicho que quiero que hagas uno nuevo?
Él no contestó, como cada día, y, tras agarrarla de la cintura, besó su recuerdo, también como cada día desde la última vez que besó su boca de carne y hueso.

martes, 11 de junio de 2013

Se busca.

Sustitución: Mecanismo de compensación que intenta mantener el equilibro psíquico cuando se produce una frustración mediante la búsqueda de nuevas metas aptas a ti una vez no conseguidas aquellas que te venían demasiado grandes.

No me vale. No me venía grande.

No busco racionalizar, ¿para qué? Ni proyectar ni reprimir, ¿el qué? Tampoco necesito sublimar nada, ¿con qué fin? Y la fantasía es para aquellos que no consideran suficientemente buena su realidad, una manera más de soñar vanamente sin necesidad de estar durmiendo, igualmente inútil.

Se buscan nuevos mecanismos de compensación que no conozca.

domingo, 9 de junio de 2013

De guerreros fracasados y victorias amargas.

Agarraba el bolígrafo con una fuerza sobrehumana, no le quedaban más armas y la batalla estaba a punto de terminar. Sentía todas las flechas apuntándole a él, a pesar de que solo eran retinas desbordantes de impaciencia, y los cascos de un corcel aproximándose, a pesar de solo ser unos tacones portando un jinete inquieto.
La batalla ya estaba perdida desde mucho antes de haber puesto un pie en aquella sala.
Había perdido con los primeros gritos al caer el sol, las primeras madrugadas en vela y, tras estas, los despertares abandonado. Había perdido preparando una sola taza de café porque ella ya se la tomaba en el trabajo, había perdido con las comidas en el despacho y las cenas afónicas.
Había perdido con los te quiero pero no quiero, te echo de menos pero no te extraño, te recuerdo pero no te pienso.
La única alternativa para ganar la guerra sin dejar heridos, al menos no de muerte, la tenía entre sus dedos, pero también entre sus miedos. Le hería la vista como quien mira demasiado tiempo seguido al sol, solo que esta vez era un eclipse.
-¿Va usted a firmar o no? - le sobresaltó un cañón disparándose.
Tenía que zanjar aquello. Dejó por fin que la tinta se deslizara sobre el papel formando su garabato más entrenado. Y aquella sería toda la sangre que se derramaría en el día. Liberó el arma, que descansó por fin sin balas sobre la mesa, y salió victorioso por una puerta que no volvería a cruzar.

martes, 4 de junio de 2013

Discordancia en género, número y tiempo verbal.

Parecía que era el momento oportuno. El mundo la reclamaba después de una larga noche de sepultar recuerdos y escarbar entre sus sueños. Quizás el reloj había dado ya las doce, o solo eran las ocho. Puede que solo hubieran pasado un par de minutos desde que había enterrado su rostro en la almohada mojada por la lluvia de sus ojos.
Cuando los abrió encontró que la riada se había secado y se había llevado consigo toda la basura que había llegado hasta ella. La almohada la había perdonado y las sábanas, a las que había dejado acurrucadas en un rincón de la cama a causa de sus patadas, también.
No se confundía, era su oportunidad. Su elección de nueva vida de la noche anterior había sido acertada y, aunque no había sido consciente de ella hasta la propia mañana, ahora lo sabía con certeza. Se había despertado capaz de no volver a ponerse trabas a sí misma y con la fuerza de un alma limpia de pasado.
Miró por la ventana, aún tumbada boca abajo en la cama, y visualizó su día. Un sol radiante iluminaba la piscina que tenía nada más salir por la puerta, así como la playa a su derecha y la maravillosa ciudad un poco más allá. No era consciente aún de lo que haría durante las horas que aguardaban, es más, pensaba simplemente caminar en la dirección que sus pies le marcaran; sabía que no le llevarían al lugar equivocado, ya no. Y, si lo hacían, les regañaría y cambio de rumbo.
Se fijó también en su ordenador, listo para ser llenado de nuevas palabras y frescas ideas, después del derroche de tinta sucia, aunque necesaria, de la noche anterior. Pero pensó que primero viviría un rato y después ya se dedicaría a escribir, la inspiración estaría allí cuando volviera.
Y, tras tomar esta decisión, salió de la habitación dejando que se ventilaran los pedazos de memoria indeseados que pudieran haberse quedado pegados a la cama.

Bajé entonces la tapa del portátil y me dispuse a actuar como la chica de la historia. Era cierto que la necesidad de escribir había podido conmigo, pero ahora estaba dispuesta del todo a vivir. En realidad aún no había dejado brotar ninguna de esas grandes ideas, no había empezado a crear nada nuevo, lo que pasa es que nunca me han entusiasmado los diarios en primera persona.

lunes, 3 de junio de 2013

Deje su mensaje después de la señal.

Para alguien que se pinta las uñas buscando ocultar que se las muerde no es difícil dibujarse una parábola en los labios buscando que los besos no se escapen.
Para alguien que se ha quemado en el frío del invierno y congelado al terminar la primavera no es difícil haber esquivado el verano sin haber sido atrapado por el más radiante sol.
Para alguien que se pierde y pretende que se encuentra, sin ayuda; no es difícil vivir perdida el resto de su vida y pasar desapercibida.
Pero nadie ha conseguido alguna vez esconderse para siempre de palabras que tal vez se perdieron en el último café, o de sueños que en recuerdos han mudado con el tiempo, o una promesa que traviesa se compró una conciencia, se vistió de Cenicienta y encontró a su propio príncipe. Y se fue, ignoró las campanadas, no volvió a tiempo. Y ahora siempre será tarde, pero pasará de vez en cuando a saludar, recuerdos mandará, llamará.
Y hoy todavía es difícil colgar el auricular.

domingo, 2 de junio de 2013

Miedos.

El miedo nunca fue a amar, siempre ha sido a desamar.
Amar es euforia, son sonrisas en la cama, caricias en la espalda y besos... besos por todas partes.
Amar es creer que existe, que existe aquí y ahora. Que siempre se quedará.
Desamar son sonrisas en la piel, arañazos en el alma, disparos en el aire.
Es respirar sin detenerse a pensar, pasear la vista sin parar los ojos, pretender soñar sin ser capaz de descansar.
Desamar es el eterno fantasma que siempre perseguirá a cualquier valiente que le desafiara alguna vez.