jueves, 28 de marzo de 2013

Felicidad tan personal como un pensamiento.

Tirarse en la arena sin mirar a ver dónde vas a caer. Recostarse hasta apoyar la cabeza en ese montículo que hace las veces de almohada. Sentir cómo los granitos se van adhiriendo a tu piel formando tu silueta en la arena. Ahora es como si solo fuerais uno. Se ha fundido tan bien que no se sabe dónde acaba tu cuerpo y dónde empieza el suelo. Sentir como el viento te sacude el pelo y descoloca los granos de arena de su estado inicial. Cerrar los ojos más fuerte para que no se te cuele ninguno. Olvidarse de esa molestia al escuchar cómo rompen las olas, porque es más bonito. Sentir cómo rompen en la orilla cómo si lo estuvieran haciendo en las puntas de los dedos de tus pies. Moverlos ligeramente. Sonreír.

Pensar en alguien. En quién sea, cualquier persona te vale. En que te gustaría que viera tu felicidad, porque es tan hermosa. No tiene ni idea, porque es solo tuya. Y, aunque suene egoísta, no la vas a compartir, porque tú la has sabido tejer poquito a poco, tú  te la has ganado. Tuya.

jueves, 14 de marzo de 2013

Tempus fugit.

Y ahora ya estoy aquí. 

¿Desde cuándo? ¿Cuándo ha pasado ayer? ¿Cuándo ha pasado hoy? 

Son ya las cinco de la tarde. ¡Las cinco y veintitrés! 

Hace un rato era lunes, hace un rato era la semana pasada. Hace un rato era dos mil doce, incluso. 

Pero ahora estoy aquí.

Con todo lo que he hecho y lo que no he hecho. Con lo que he he vivido y lo que no. Lo que he dicho, lo que he sentido y lo que he pensado. Y lo que no.

¿Y todo lo que no he hecho ni vivido ni dicho ni sentido ni pensado? Algún otro lo habrá hecho.

Pero lo que sí he hecho, vivido, dicho, sentido y pensado también me escapa por entre los recodos de mi cuerpo. ¡Ahora mismo se me está escapando por un rizo lo bonita que era la canción que acaba de terminar de sonar! Aún se me siguen escapando de las manos las Navidades pasadas, pero no consiguen irse del todo. Ya lo harán. Y hace tiempo que se me fue por el cuello de la camisa la mañana del veintiocho de diciembre de mil novecientos noventa y seis.

Y corren. Lejos. Deprisa. Es imposible alcanzarlos de nuevo. Y no sé a dónde irán que nunca vuelven. 

A veces intento seguirles, pero ¡se mueven tan rápido! Además, luego está lo que aún no he hecho, vivido, dicho, sentido y pensado, que corre hacia mí, ¡pero no lo puedo ver hasta que ha llegado y se ha ido! Es un tanto frustrante. Sobre todo si consideras que a veces no me da tiempo a seguir su ritmo. Viene, es y se va. Tan rápido que a veces ni me había preparado. 

¡Y de repente estoy aquí! 

Con el momento en el que he empezado a escribir esto escabulléndose rápidamente por mi espalda. Hace cosquillas. Y cuando escriba el último punto saltará de ella. Justo ahora.