Días de ganas de nada, ganas de todo, de tocar por fin el fondo y subir hasta el cielo. De correr por las nubes y caer en ciudades de las que quién sabe el nombre. De perderse por calles y encontrarse en sus gentes.
Ganas de huir sin coger ningún mapa, dejar que el camino decida si vuelves. O si llegas. Coger tantos trenes como sea posible y si es que hace falta, bajarse en marcha. De aprender cada idioma con el que te cruces y ser por un día de donde te encuentres.
De ganas de ser en lo que no eres, de cambiar un momento el mundo en que vives. De decir cosas que nunca dirías y escribir historias que nunca contarías. Ganas de ver lo que nunca verías y cerrar los ojos ante tantas tonterías. Atrapar mil momentos que nunca viviste y guardarlos bajo llave en la memoria que elegiste. De creer que algún día, sí será posible.
domingo, 24 de noviembre de 2013
sábado, 16 de noviembre de 2013
Amanece de nuevo.
Es momento de comienzos, de empezar a despertar sin temores ni rencores. De abrir los ojos por la mañana y no encontrarse penas en la almohada ni niebla en la ventana. De creer en el azar y no mirar qué pie pones primero en el suelo al levantarte, de confiar al caminar. Es hora de crecer, de ganarle en brillo al sol, de no volver a llover, o hacerlo solo si ves que el mundo se marchita. De no dejar que se marchite y regarlo cuando ríes, cuando lloras de alegría.
Llegan días de sonrisas, de no vivir con prisas, porque has llegado antes que el despertador y puedes disfrutar más tiempo del café y de su calor. Puedes no quemarte, llegar a despertarte, parar un poco a arreglarte.
Ahora es tiempo de atreverse, de perderle el miedo a los tacones y aún así calzar cordones porque eres aún más grande y si te caes, te caes igual, pero quedan menos moratones. De usar rímel transparente que alargue las ilusiones y un pintalabios de color tan fuerte que avive corazones.
Es este instante que tienes aquí delante, que siempre ha estado preparado, que ha vivido esperando que te olvides de los sueños no soñados y te pongas a pensar en los que aún no han aflorado, porque ahora es el momento, ahora es cuando rompe el día y viene a buscarte el sol.
Llegan días de sonrisas, de no vivir con prisas, porque has llegado antes que el despertador y puedes disfrutar más tiempo del café y de su calor. Puedes no quemarte, llegar a despertarte, parar un poco a arreglarte.
Ahora es tiempo de atreverse, de perderle el miedo a los tacones y aún así calzar cordones porque eres aún más grande y si te caes, te caes igual, pero quedan menos moratones. De usar rímel transparente que alargue las ilusiones y un pintalabios de color tan fuerte que avive corazones.
Es este instante que tienes aquí delante, que siempre ha estado preparado, que ha vivido esperando que te olvides de los sueños no soñados y te pongas a pensar en los que aún no han aflorado, porque ahora es el momento, ahora es cuando rompe el día y viene a buscarte el sol.
martes, 12 de noviembre de 2013
Tarde y aún pronto. Y demasiado tiempo que se me hace poco.
A veces un imagen. Un sonido. A veces solo una palabra, el más ínfimo reflejo del recuerdo. Un bosquejo del progreso, de un avance que no nace y que disfraza de comienzos los intentos.
Un olor que arrastra tu rincón más escondido en el reverso para ponerlo de manifiesto en el borde de la piel.
Una risa redundante que acostumbra, que despista, que aparta los recelos, que los vuelve ajenos.
La voz suave del mar, que siempre me quedará, que no la podré aislar. Que cuando siento las olas, siento cada una, siento la primera y la que creí la última.
Y la lluvia, que cuando cae y moja invoca, y descoloca, y cuando se respira expira la fuerza de recordar.
Y ya no volver a pensar en ti. Cada día, ni un instante.
Un olor que arrastra tu rincón más escondido en el reverso para ponerlo de manifiesto en el borde de la piel.
Una risa redundante que acostumbra, que despista, que aparta los recelos, que los vuelve ajenos.
La voz suave del mar, que siempre me quedará, que no la podré aislar. Que cuando siento las olas, siento cada una, siento la primera y la que creí la última.
Y la lluvia, que cuando cae y moja invoca, y descoloca, y cuando se respira expira la fuerza de recordar.
Y ya no volver a pensar en ti. Cada día, ni un instante.
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