domingo, 9 de diciembre de 2012

Inténtalo, solo por saber qué pasará luego.

Cuando piensas en rendirte, en abandonar, en dejarlo todo porque nada importa, porque no es suficiente, porque quién sabe si valdrá la pena.

Cuando solo piensas en que saldrá mal, en que se acabará ahí.


Porque no puedes hacerlo, no eres tan bueno, nunca lo has sido, nunca lo serás. Porque ya te ha salido mal antes, ya te han dicho otras veces que lo dejes, que no te esfuerces.


Pero es que hay otras personas que ni siquiera han tenido el valor de intentarlo y fallar, que no se han atrevido a levantar la vista del suelo y mirar hacia lo que podría ser, lo que podrían conseguir.


Y si tú lo has hecho es porque una vez pensaste que podías, que serías capaz. Solo con eso puedes llegar al fin del mundo, al otro extremo del planeta, al infinito y más allá, incluso. Porque lo que vale es la esperanza, la tuya, no la de los demás. Los demás que piensen lo que quieran. Pero tú, siente tu miedo y afróntalo, vive, lucha.


Porque ¿quién sabe? Quizás algo podría salir bien.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Mírame de verdad, mírame a mí.


Habían pasado cuatro años. Cuatro años ya desde la primera vez que la vio. Y, en ese momento, por primera vez, tenía la oportunidad de estar realmente con ella.

Le temblaban las rodillas y tenía un nudo en la garganta, aunque aquello no fuera tan nuevo para él. Había visto su rostro miles de veces y había escuchado su voz otras tantas. Había visto su sonrisa y escuchado sus gritos de enfado y de alegría. Aunque hubiera sido desde lejos, pero lo había hecho. E, incluso, alguna vez que otra había conseguido encontrar sus ojos con su mirada, aunque ella no se diera cuenta, aunque no fuera consciente de que era a él a quién estaba mirando.

Pero en ese momento era diferente, era más real. En ese momento tenía esperanza, por pequeña que fuera, de que algo ocurriese. Cualquier cosa. Solo que ocurriese.

Y se acercó a ella, que sonreía hacia sus adentros quién sabe por qué.

-Hola – le dijo armándose de valor.

-¡Hola! – le contestó la chica, sorprendida, dándose la vuelta y mirándole a los ojos.

El chico soltó el aire que llevaba conteniendo un rato y sonrió. Allí estaba. Y le estaba mirando a él. Esta vez de verdad.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Auténtica.


Había una chica. Era joven. Era morena y llevaba el pelo corto, por encima del hombro. Vestía una elegante blusa estampada, de flores, metida por debajo de una falda negra. Y llevaba unos zapatos… ah, no, calzaba unas Converse. Unas Converse rosas que le daban identidad, que la hacían diferente.
Lo que no he contado aún es que estaba en un concierto. Un concierto de rock. Pero no era uno de esos con mucha gente, era en una pequeña sala en un local que casi nadie conocía. Ella bailaba, saltaba. Aunque el público estaba quieto y solo aplaudía al acabar cada actuación, ella se movía ignorando al resto de mundo. Se reía. Se lo pasaba bien. Levantaba los brazos y movía las caderas al ritmo de la música y, de cuando en cuando, sacaba alguna foto con su cámara réflex.

Yo no la vi de cerca. No podría decir si tenía los ojos azules, verdes o negros. Ni si quiera si llevaba los labios pintado o no. Pero, eso sí, puedo asegurar que era auténtica.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Qué cosas los sueños.


Reír, gritar, llorar, sonreír, saltar de alegría, querer pegar puñetazos, caerte, volverte a levantar, cerrar un momento los ojos para luego volverlos a abrir, mirar al cielo, agradecer, compartir, rezar a la estrella más alta, a la más brillante, desesperar, no rendirte, continuar caminando, pararte un momento a pensar, pero seguir en seguida, convencerte, convencer a los demás, enamorarte y enamorar, mirar más allá, imaginar, creer, ser tú mismo. En definitiva, soñar.

Soñar.

Porque es lo que nos alimenta, lo que nos mantiene vivos. Porque sin sueños no somos nada. No nos queda nada sin ellos. Si tenemos un sueño tenemos lo más valioso del mundo, tenemos algo por lo que luchar. Porque los sueños que continúan después de abrir los ojos por la mañana son los que realmente valen, los que debemos perseguir. Si tenemos un sueño debemos hacerlo realidad.

Soñar.

Soñar es vida. Soñar es levantarse cada día pensando “puedo y lo haré”. Es estar cada vez más cerca y darse cuenta. Y sentirse feliz por ello.

martes, 27 de noviembre de 2012

Errónea forma de ser.


-¿Acaso sigues pensando que te podría querer? ¿Qué podrías siquiera gustarle? – pregunté soltando una risita -. Está claro que está loco por mí. Una pena que no pueda permitirme corresponderle. Pero no por ello vas a conseguir apartarle de mi lado – le dije mirándola claramente a los ojos.

-No puedes pretender que me aparte de él. Es más, no lo voy a hacer.

-Cariño, además de ingenua, eres persistente en lo que menos deberías. Veo que no entiendes las cosas. Pero no es solo por él. Es por todo. Tienes que dejar de actuar del modo en que lo haces, no haces más que perder el tiempo, no vas a conseguir nada, no vales la pena. Y te lo digo por tu bien, para que no venga luego alguien a soltártelo a la cara sin ninguna delicadeza. Hay personas que son mejores y personas que son peores – le informé de manera objetiva, no le estaba explicando ningún problema complicado de matemáticas, eso lo aprende uno solito mientras crece -. Pero, tranquila, puedes cambiar, puedes aprender a comportarte de manera menos anormal y, quizás, puedas llegar a algo.

-¿Sabes qué? Me importa bien poco lo que tú puedas opinar sobre mi valor. Realmente creo que haga lo que haga, tenga las consecuencias o finalidad que tenga, si realmente lo hago porque quiero y lo intento valdrá más la pena que cualquier otra cosa que tú hagas por el supuesto bien de los demás. Así es como soy, y pretendo enseñárselo a él y al resto del mundo. Y si a la gente como tú no le gusta, pues mejor para mí, porque no tendré que tenerles cerca. Y si a él no le gusta, pues una pena, yo le seguiré queriendo y cuando encuentre a una persona que realmente sí aprecie como soy, pues ya le dejaré de querer. A ti solo te digo que, por favor, no le hagas daño, aunque no creo que pueda cambiarte con decirte unas palabras, así que solo cruzaré los dedos por el chico que quería a la chica equivocada.

Y tras decirme esto se dio media vuelta y se alejó por un pasillo lleno de gente. Yo hice otro tanto de lo mismo hacia el otro lado, fundiéndome con la gente. Me encogí de hombros. Si eso era lo que quería pensar. Yo ya había intentado ponerle delante de los ojos su errónea forma de ser, si no quería verlo peor para ella.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Ojos como espejos.


 Subió la vista hasta encontrarse con sus ojos y, una vez allí, no vio nada, solo unos ojos, de un color bonito. Aun así, sonrió. Pero no sabía si era alegría o pena. Ladeó la cabeza y se lo preguntó. ¿Era de alegría porque conseguía no caerse en seguida dentro de los ojos de los demás? ¿Por qué conseguía no involucrarse? ¿No investigar dentro de sus sentimientos? ¿O era tristeza porque no es que no quisiera adentrarse en las personas, si no que no podía? Siempre había optado por la primera opción. No le hacía falta conocer a la gente para conocerse a sí mismo. No le interesaban los pensamientos de los demás. ¿Para qué? Ya tenía los suyos. Lo único que conseguiría mirando a su alrededor sería encontrarse con algo que le gustara más que su propio interior. Y acabar persiguiéndolo. Y eso no le interesaba.
 Pero ¿y si el problema era que había perdido esa capacidad tiempo atrás? La de ver a las personas. ¿Y si en realidad no era capaz? Recordaba perfectamente la primera vez que se había dado cuenta de que los ojos es la esencia. De que una persona puede estar diciéndote muchas cosas con palabras pero, hasta que no ves sus ojos, no sabes realmente qué te quiere decir. Qué es lo que quiere expresar. Recordaba también la primera vez que había mirado a los que, desde ese momento en adelante, serían sus ojos favoritos. Había visto muchas cosas en esos ojos. A veces acompañadas con palabras. Otras veces no.

Y después esos ojos habían desaparecido. Solo los podía ver en su memoria.

No recordaba ningún cambio más.

Solo que a partir de ahí había dejado de ver en los ojos de los demás. Les escuchaba, entendía lo que decían, pero no le llegaba.

Había sopesado varias opciones como causas de su problema. Había llegado a pensar que en cierto momento había comenzado a ver con esos ojos, con sus favoritos, los que se habían ido. Y, al irse, no pudo ver más.

Porque, a veces, si a la vez que miraba a alguien pensaba en esos ojos, a veces, podía ver algo, una sonrisa, un recuerdo. Pero en seguida se iba. Porque su memoria no era perfecta. Porque ya no podía reconstruir sus nuevos ojos con exactitud y estos no estaban allí para mirarlos.


viernes, 16 de noviembre de 2012

Porque sí.


Era una tarde fría de verano, pero ella estaba en la playa como cualquier otro día, como si hicieran los cuarenta grados habituales. Estaba escribiendo. Estaba tirada boca abajo en la arena. Estaba mirando el mar. Y estaba mordisqueando un bolígrafo azul mientras releía la última línea que había escrito.
-¿Qué haces aquí con este frío? – Preguntó una voz masculina.
-Escribo – contestó ella alzando su mirada azul hacia el recién llegado.
-¿Y qué escribes? – Inquirió curioso el desconocido.
-Escribo. Escribo almas, sueños. Escribo sonrisas y carcajadas. Escribo amor y desamor, amistad y olvido. Escribo felicidad. Y a veces también tristeza. Escribo mar y olas. Te escribo a ti, incluso.
-¿A mí? ¿Por qué a mí?
-Porque acabas de llegar y lo único que se te ha ocurrido preguntarle a una extraña es que qué escribía. Por eso.