lunes, 5 de octubre de 2015

Quiero.

Quiero romperme el cuello en todos los saltos que nunca he dado.
Quiero coserme a un niño que me recuerde lo que he perdido.
Quiero inyectarme un suero que lleve el sueño que ya no encuentro.
Quiero perderme en besos, en los que sean, en los que sepan.
Quiero encontrar un día cualquier excusa para que crean que tuve un móvil para escapar.
Quiero crecer de nuevo.
Y creer que puedo. Crecer.
Y creer.
Y correr.

Quiero salvarme de mí antes de caerme dentro y quiero poner un cuadro con todo lo que me he roto. Para recordarme que es arte porque te hace sentir algo. Para pintarme yo también e inventar que duele porque es bonito y porque ahí está la gracia que creía haber perdido.

La duda entre el punto final y la recaída.
Lo bello del quizás.
El terror de la sospecha.
El afán de auto-control.

Sé que nunca dejas de querer a alguien pero también sé que hay un punto en la historia, un cierto momento, en que serías capaz de irte. Y, aunque no lo hagas, es como si acabaras de volver de un viaje o de despertar de un sueño. Y ya puedes empezar de nuevo. En ese instante has acabado de escribir una página a la que siempre volverás pero nunca para quedarte.

jueves, 7 de mayo de 2015

Esta vez el arma asesina soy yo y ni siquiera encuentro tu boca.

No, no es una metáfora. Te estás llenando tanto que va a rebosar tu encanto.
La gota que colma el beso va a ser el próximo que no te den y todos los anteriores que te negaste.
Tienes un muerto colgando dentro y la sorpresa te la vas a llevar cuando te encierren por asesinato.
No voy a decir te lo dije pero es que no te lo dije porque hace tanto tiempo que ya es demasiado tarde.
Te pasó que creíste en estrellas con las puntas demasiado afiladas.
He intentado quererte menos y pensarme más, pero se me van las ideas a tus huesos, que no paran de temblar.
Aún sé reír a mandíbula sangrante.
Te recuerdo que aprendí por ti y te olvido que nunca me lo agradeciste.
No te pido que lo hagas, te suplico que me digas como me lo quito de encima.
Qué hago contigo, mi vida. Y qué hago conmigo.

miércoles, 22 de abril de 2015

Dos escritores y una chica caos.

La chica caos me está invadiendo. Viene con su ejército de miedos cabalgando en enormes secretos.
La chica caos me ha dicho que invierte versos en bolsa para que no se los quiten nunca, que borra besos de cuellos y gritos del aire.
Me ha dicho que si quiero me dibuja un eco nuevo.
Que por el módico precio de toda mi vida lo hace parecer eterno.

Pero es que para qué no sentir.
No quiero labios para esto.
No quiero vida para esto.
Me he obsesionado tanto con el miedo que se ha vuelto emocionante.
Miento, me he vuelto escalofriante.

Yo sé de sentidos con esquizofrenia, de manos queriendo escuchar tu aliento y miradas tocando tu piel. De besos rasgados y risas suicidas. Ya hasta se me ha olvidado llorar, se me han secado las fuerzas.

Qué se me ha perdido por el camino, qué he olvidado recordar, tropezar contigo se está volviendo una costumbre y yo me estoy volviendo loca.
Tengo un tira y afloja en cada brazo y ya me he roto en dos los besos suplicando no quererte, deshaciéndome en caprichos,
discutiéndome las ganas.
Y me he vuelto a grapar a mí, pero es mala solución si ya no me soporto.

Soy difícil de arreglar porque alguien se quedó la parte sana y aquí solo quedan trozos.
Rotos.
Olvidados.
Que ni siquiera
encajan.

Supongo que intento suplir las carencias cosiendo encuentros, el caso es que siempre me acabo pinchando en los dedos, clavando en el pecho. Soy buena mimetizando dolores. Aunque ni yo me lo creo.

Es como intentar regalarle al mar un suspiro sabiendo que no pasará la orilla.
Sabiendo que se lo llevará el viento.
O el agua.
O cualquier desaliento perdido de alguien que se rindió.
Por fin.
Qué valiente.
Y ojalá tenga suerte.

Y de verdad necesito dejar de ser la niña rota que se tira por la primera ventana con vistas.
Pero es que se me para el alma cada vez que nos veo.
Y no me quiero así. Si te pienso quiero que sea bonito, que sea en la cama, que sea en un beso. No quiero volver a pensar que no hay nada que pueda pasar.
Miro a mi alrededor y todo son sonrisas de cristal, pero en cuanto cualquiera no mira vuelan los corazones rotos.
Lloran los suicidas locos.
Matan los que se han vuelto de hielo.

Quiero volver a ir en bici en ese parque en que me conocí de pequeña.
Quiero tumbarme en el rincón más bonito de Madrid mientras el resto de la gente duerme. Y cerrar los ojos sin miedo a que aparezcas y no sea a mi lado.
Quiero conocer lugares fuera de tu corazón y empezar a coser el mío para perdonar lo que me hizo.
Sentir que vuelve a respirar el cielo cuando me oye sonreír de nuevo. Me mataría si supiera a quién debo el placer.

Pero es por desvanecerse escribiendo que al final lo hacemos, por si algún día Dios (o quien sea) se fija y nos vuelve ceniza. Y nos echa a tus pulmones a morir todos juntos.

El caso es que tal vez debiera creer a la chica caos y venderle mis daños. Venderme a sus promesas.
El caso es que si supiera regalarte rosas, el libro lo escribíamos después.

lunes, 23 de marzo de 2015

Hasta que conteste.

Descansa, alma, en paz, descansa que ya ha terminado todo.
Duerme a la calma y déjate arrastrar.
Siempre será demasiado grande el mundo para querer acariciarlo entero.
Siempre habrá un suspiro que se escape del cajón, un descuido condenado a opinión.
Una risa demasiado bella y un camino demasiado recto.
Quedarán los días, como queda el cauce cuando seca un río.
Quedará la vida, como queda el mundo cuando una estrella explota y ya no queda luz, aunque parezca que no se nota.
Y romperé el silencio, como un feo adorno, como un jarrón viejo y gritaré al invierno que no sabe irse.
Que por qué te roba, que por qué te esconde.
Hasta que conteste.
Y llevará tiempo, y traerá oxígeno.
Pero tú duerme, que seremos por ti.

martes, 17 de febrero de 2015

Antojos de madrugada.

Hace una vida que no escribo.
Y lo siento.
Por mí.
Porque te siento.
Aún. Tanto.
Y se me cansa el alma de gritarlo.
Y el silencio se empieza a quedar sordo.
Me he vuelto el caos más desordenado que vayas a querer ordenar y fallar en el enredo.
Se me cambia hasta el tiempo de sitio y no me queda más remedio que ir contando los segundos que han pasado para no morir de aburrimiento.
Me voy consumiendo en propósitos vacíos que maté yo misma entre recaída y recaída.
Porque te tengo colgada de la pared y también de la piel y ahora soy yo la que me empiezo a caer a cachos.
He probado a llorar el dolor fuera,
cualquiera diría que con lo que escuece no desaparecería;
pero no
no hay nada productivo en deshidratarse por los ojos.
Qué se le va a hacer.
Salvarme muriéndome es mi manera de querer.
No es la mejor pero de momento sigo viva.
Y no sé qué hago escribiendo, será que no me gusta gritar y ahora es el papel es que está dejando de escuchar.

P.D. Me dijeron que en dos días era algo así cómo San Valentín (¿o era ayer?); quiero desear un feliz día de los no enamorados y ya si eso yo me acordaré de no querer.