La chica caos me está invadiendo. Viene con su ejército de miedos cabalgando en enormes secretos.
La chica caos me ha dicho que invierte versos en bolsa para que no se los quiten nunca, que borra besos de cuellos y gritos del aire.
Me ha dicho que si quiero me dibuja un eco nuevo.
Que por el módico precio de toda mi vida lo hace parecer eterno.
Pero es que para qué no sentir.
No quiero labios para esto.
No quiero vida para esto.
Me he obsesionado tanto con el miedo que se ha vuelto emocionante.
Miento, me he vuelto escalofriante.
Yo sé de sentidos con esquizofrenia, de manos queriendo escuchar tu aliento y miradas tocando tu piel. De besos rasgados y risas suicidas. Ya hasta se me ha olvidado llorar, se me han secado las fuerzas.
Qué se me ha perdido por el camino, qué he olvidado recordar, tropezar contigo se está volviendo una costumbre y yo me estoy volviendo loca.
Tengo un tira y afloja en cada brazo y ya me he roto en dos los besos suplicando no quererte, deshaciéndome en caprichos,
discutiéndome las ganas.
Y me he vuelto a grapar a mí, pero es mala solución si ya no me soporto.
Soy difícil de arreglar porque alguien se quedó la parte sana y aquí solo quedan trozos.
Rotos.
Olvidados.
Que ni siquiera
encajan.
Supongo que intento suplir las carencias cosiendo encuentros, el caso es que siempre me acabo pinchando en los dedos, clavando en el pecho. Soy buena mimetizando dolores. Aunque ni yo me lo creo.
Es como intentar regalarle al mar un suspiro sabiendo que no pasará la orilla.
Sabiendo que se lo llevará el viento.
O el agua.
O cualquier desaliento perdido de alguien que se rindió.
Por fin.
Qué valiente.
Y ojalá tenga suerte.
Y de verdad necesito dejar de ser la niña rota que se tira por la primera ventana con vistas.
Pero es que se me para el alma cada vez que nos veo.
Y no me quiero así. Si te pienso quiero que sea bonito, que sea en la cama, que sea en un beso. No quiero volver a pensar que no hay nada que pueda pasar.
Miro a mi alrededor y todo son sonrisas de cristal, pero en cuanto cualquiera no mira vuelan los corazones rotos.
Lloran los suicidas locos.
Matan los que se han vuelto de hielo.
Quiero volver a ir en bici en ese parque en que me conocí de pequeña.
Quiero tumbarme en el rincón más bonito de Madrid mientras el resto de la gente duerme. Y cerrar los ojos sin miedo a que aparezcas y no sea a mi lado.
Quiero conocer lugares fuera de tu corazón y empezar a coser el mío para perdonar lo que me hizo.
Sentir que vuelve a respirar el cielo cuando me oye sonreír de nuevo. Me mataría si supiera a quién debo el placer.
Pero es por desvanecerse escribiendo que al final lo hacemos, por si algún día Dios (o quien sea) se fija y nos vuelve ceniza. Y nos echa a tus pulmones a morir todos juntos.
El caso es que tal vez debiera creer a la chica caos y venderle mis daños. Venderme a sus promesas.
El caso es que si supiera regalarte rosas, el libro lo escribíamos después.