Cuando un nombre en la boca sabe a sal,
para aquellos que adoran el mar,
es como un amanecer.
Para los que se ahogan,
es un eclipse de contrariedad.
Cuando la pluma vuelve a escribir.
Con tinta seca.
Con sangre fresca.
La cicatriz se disfraza de arte,
el dolor insiste en tocarte
pero al girarte
se desvanece.
La inconsciencia se ha vuelto un arma de doble filo
y el alma
se desentiende.
La experiencia se empacha de alzheimer
y si le preguntas
nunca se acuerda.
La razón enmudece y el miedo no sabe dónde meterse,
de se busca por crimen a se busca por ganas.
Atrapad a quien le busca,
por complot y por descaro.
Pero cuando nadie ha tocado el veneno y todas las manos se muestran,
a quién disparas primero
sabiendo que eres tú
la que va a acabar presa.
Cuando una palabra dura mil horas
y algún monosílabo termina en trabalenguas.
Cuando un silencio ha sido poesía
y una alegoría ha sido reprimida
es que la traición ha sido colectiva.