miércoles, 18 de junio de 2014

Gracias.

Quizás nos ha faltado tiempo.
Quizás me ha sobrado esperanza.

Pero no voy a perder lágrimas,
nunca he querido tan bonito.

No lloras,
porque no vale la pena.
Sientan mejor las sonrisas.

No lloro,
porque me lo prometí un día
y es la primera vez que no me cuesta cumplirlo.

Como ya decían
vale más lo vivido que lo perdido.

Y es que no hemos perdido nada
si nos hemos vivido.

sábado, 14 de junio de 2014

Finales felices.

Me quedo siempre con los finales felices, y mira que a veces los que acaban en rompeolas saben más a casa.
Será que yo ya tengo muchas olas rotas.
Y la sal me empieza a saber amarga.
Quizá sea la roca contra la que siempre me estrello. No se aparta a la segunda. Ni a la tercera ni a la sonrisa bonita que desde lejos predice un terrible desenlace.
Lo siento pero a mí ya no me vale el consuelo de los que tropiezan dos veces. Yo llevo ya quién sabe cuántas y no aprendo a saltarla. No me enseño a esquivarme, ni a mis gritos interiores; es difícil silenciarlos.
Eso sí, no me toméis por tonta, voy cambiando de veneno, aunque a secas sea el mismo. El problema es cuando el mar parece que está en calma.
Pero llamadme maniática si queréis, y qué le voy a hacer si me gustan más las olas cuando vienen con bandera roja.
No sabéis qué bien se nada al principio en la espuma, lo malo es al final, cuando se nada en tiburones, cuando ves bonitos hasta sus dientes. Y te acercas y lo acaricias, y el dolor es casi tanto que parece que sea un beso.
En ese instante el final feliz ni siquiera había estado como opción, pero oye, que quién sabe, todos creemos en milagros alguna vez en la vida.
Hasta que acabas en la orilla, dando gracias por tu vida, que has salvado de un naufragio. Aunque sepa ya que no. Que me he ahogado en lo más profundo y aún sigo intentando salir. Que la arena es de mentira y solo trata de amortiguar la falta de oxígeno.
Y es que no sabes que te estás ahogando hasta que todo el aire que te queda en los pulmones lleva otro nombre. Hasta que no recuerdas qué respirabas antes y hasta los más cercanos momentos se vuelven ya recuerdos.
No te das cuenta de que te ahogas hasta que el miedo empieza a llevárselos y traerte de vuelta a ti.
Y entonces la sal ya no me sabe amarga. Ya no sabe. Y el mar se vuelve negro y aunque el cielo llueva ya no me mojo. Aunque las olas rompan ya no las oigo, pero me obligan a nadar hasta el siguiente maremoto.

sábado, 7 de junio de 2014

La poesía de tu risa.

Adoro los días
en los que eres más poesía
que la pupila azul de Bécquer.

Los días en los que los versos
se te cuelan
por el reverso
de la camisa.

Esos días
que te bajan
las palabras
por las mangas
y tus manos se convierten
en las rimas que se vienen
a dormir a mis proyectos
de no pensarte en cada estrofa.

Días de antonimias cuando lloras en tu risa,
cuando el eco en tus ojos se transforma en poesía.

Días que vendería
todos mis días
sin conocer tu sonrisa de poesía.

miércoles, 4 de junio de 2014

En ti al cielo se llega antes.

Me siento loca, me vuelvo eterna.
Me pierdo en relojes, me encuentro en ti.
Y me vuelvo a perder.

Me trago el tiempo y me atraganto en ti.
Y escupo el tiempo y ya no vuelve a volver.

Se para el cielo, cuidado con las nubes
no se vayan a caer.
Ahora en ti, podría tocarlas;
cuidado conmigo, no sea yo la que me caiga.

Demasiado tarde, amor, las agujas han corrido más que yo,
se han dormido, cómo no; no han caído como yo.

Su incoherencia me contraria, pero es cierto que si jugamos
a imposibles gano yo.

Me he caído entre tu dedos, he volado entre tus miedos
y ojalá pudiese ahora colarme en tus deseos.
Pero el tiempo se ha parado
el tiempo me corta el paso.
Pues permíteme al menos aprender a andar de nuevo.

Pero es que no quiero, ahora bien, luego me quejo.
Le echaré la culpa al tiempo, con tantas vueltas ya no pienso.
Ya no siento lo que siento, ya no sé si se sigue moviendo.

Para, por favor, un rato, y me acurruco a tu lado,
pero sígueme corriendo cuando empieces a notarlo.
Cuando empieces a extrañarte y no puedas encontrarme.
En ese instante que te digo, te habrás perdido conmigo

Y no trates de buscarte, que ya se nos ha hecho tarde.
Aunque cualquiera se fía del tiempo
cuando nos ha vuelto locas.

Mira la parte buena,
nos sentiremos eternas.