miércoles, 31 de diciembre de 2014

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No paro de quejarme del invierno.
Porque hace frío, digo.
En este presentía bastantes ratos bajo cero echándote de menos
pero es cierto que casi no noto el hielo fuera con todo el que tengo dentro.
He perdido diciembres antes,
pero ninguno tan largo como el camino a casa la última vez que salí de ella
al salir de ti.
Este pretendía quererlo porque es el número dieciocho de quién sabe cuántos,
y porque ha sido bonito, no voy a mentir;
pero al final he acabado vendiendo carcajadas a precio de recuerdos que ojalá no valiesen nada.
He derrochado tantos planes que he olvidado el verbo "saltar".
Llevo tratando de no volver a la última página tantas veces como versos te he vuelto a escribir
y he seguido leyendo al revés
y hacia atrás
hasta caerme por el final.
Final que nunca escribo, que no me atrevo y que nunca digo
en voz alta.
Y es que creo en segundas oportunidades,
pero también creo que ellas dejaron de creer en mí el día que deseé conocerte primero.
Sigo abrazándome a cualquier intento congelado hasta volverme a resbalar y nunca aprendo.
Tengo nieve en los besos de usarlos tan poco
y los ojos fundidos de mirarte tanto.
También tengo que dejar de comerme los labios cuando te pienso
y cuando trato de no hacerlo,
porque imagínate que un día me vuelven a hacer falta y dejé por ahí los trozos.
De momento me propongo no perder muchos suspiros
porque ya me quedo con suficiente poco aire si te miro,
pero morir ahogado es lo más parecido a tenerte cuando no puedo dormir.
Y cuando se me olvida vivir,
reír,
morir.
Y solo tengo frío.
Y no hay manera de acabar el libro sin pasar una
y otra
y otra
y otra vez
por
ti.

sábado, 29 de noviembre de 2014

El boomerang más desorientado de la historia.

Verte es renacer a veinte mil kilómetros por hora y deshacerme en un frenazo de ojos verdes y tu abrazo.
Eres un desafío a saltarse el límite de velocidad sabiendo que el pedal del medio no funciona; y aún así cumplirlo.
Un terremoto de ilusiones superpuestas a recuerdos.
Tormentas.
De tus dedos en mi espalda.
De mis ganas en tu falda.
Eres la roca en el mar de la que nadie salta, excepto yo, no porque no tenga miedo, sino porque me sobra.
Mi accidente más bonito de los miércoles, y los viernes si la suerte quiere.
El eterno retorno a esperar la estrella fugaz que nunca pasa y nunca importa. Y siempre vuelvo.
Pero es que a quién demonios se le ocurre buscar estrellas con un sol que brilla tanto.

martes, 28 de octubre de 2014

Publicidad engañosa.

Continuamente le decían que el tiempo todo lo cura, que tiempo al tiempo, que el tiempo pondrá todo en su lugar. El tiempo convertido en nuevo Dios de los desesperanzados.

Él, frustrado por no poder matar al maldito tiempo y cansado de vivir muerto, decidió pasar sus siguientes años congelado. Pero congelado de verdad, es decir, en una cámara frigorífica. Y que le sacaran cuando el tiempo le hubiera curado.

Diez años después, abrieron la puerta de la cámara en la que se encontraba y lo descongelaron.

Lo primero que hizo fue mirarse al espejo y constatar la primera negación del tiempo como un Dios ordenador: no existía un ápice de cambio en él. Pero eso era algo que se podía haber esperado.

A continuación fue a buscarla.
A la calle de siempre, al mismo sonido del timbre de siempre y el mismo olor a primavera de siempre.
Segunda y definitiva verificación de la negación: sus ojos seguían doliendo de lo verdes que seguían siendo y su sonrisa seguía bailando al son de su risa.
Solo encontró un diminuto cambio en la realidad; tres arrugas: dos enmarcando su mirada y otra en la comisura de los labios. Pero como no suponían una real diferencia no las consideró.

Conclusión: el tiempo no cura nada, no lo compréis.

Día 362.

Vengo de verla.
Conclusión:
Voy a pintarme el alma del color de sus ojos para que mis mariposas puedan vivir siempre en primavera.
Y su sonrisa me la quedo yo porque aunque inventase los insectos sonrientes está prohibido ser más bonito que ella.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Cruzar en rojo.

Justo ahora, pero hace tres suspiros y dos horas
vi a la casualidad dándonos una oportunidad.
Quizás ha empezado a confiar en mi locura,
tal vez ha empezado a ver bonitos mis delirios.

He creído por un momento en un beso.
Y ojalá te beso.
Y también te quiero,
todo el tiempo.

Hasta me huye el miedo,
se esconde en tu pelo,
y si busco en un enredo ya me quedo allí a vivir.

Pero ese no era el plan,
mi error fue no tener un plan.
Dimos una mano a la ingenuidad y nos cogió del brazo,
del corazón,
del cuello;
y se volvió imprudencia,
se tornó demencia.

Así que lo siento si ayer quisiste llamar,
me encontraba demasiado enamorada.
Hoy ya me ha bajado la enfermedad,
puedo respirar con normalidad.

Intentaré bailar,
como hago siempre que no quiero hablar.
O que no me quiero curar.
Para qué ir a terapia si nunca hay nadie al otro lado;
para eso, me quedo bailando sola.

O, lo que es lo mismo,
dando brillo a mis delirios.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Cobarde suerte.

Se acabaron las promesas sin hacer, voy a vender cada lágrima que no te tenga.
Voy a echar de menos cada luna que no esconda tu sonrisa.
Voy a robarle al mar tus ojos hasta que consigan meterme presa.
Voy a perder la vida pensando todo el tiempo.
Pensándote.
Pensándome.
Pensándonos.
Siendo pasado.
Voy a vivir impotente como quien se arrepiente de haber arrancado una margarita una vez ya marchita.
Voy a dolerme hasta ser consciente de por qué no debí hacerlo. Y voy a morir en el intento porque no existe absolutamente nada que no haya merecido la pena en esto.
Seguiré creyendo que en tu cuerpo se acaba en mundo, que es el más hermoso precipicio por el que ya me tiré hace tiempo, porque abajo el suelo seguro que no duele tanto.
Al menos no tanto como tú.
Ni como yo.
Voy a ser para siempre ese último momento en que nos prometimos cobardía como si en ello nos fuera la vida, como si nos quedaran todas las oportunidades del mundo para buscarnos y encontrarnos.
Como si la casualidad no nos odiara ya demasiado por haberla burlado tanto y querer seguir haciéndolo.
Voy a creer que volverás con la magia de cada suspiro condenado a muerte al recordarte;
y que la lluvia volverá a ser bonita también,
como lo era todo cuando no me quitabas la vista de encima,
como lo es todo cada vez que la suerte no mira.

Pupilas de recambio.

Nuestro secreto fue siempre el peor guardado.
Y es que ni siquiera fue tuyo, no pudiste tocarlo.
Escondido entre besos de desconcierto no paraba de preguntarle cuándo demonios habías llegado y si es que pensabas robarme.
Cuando quiso contestar se le había hecho tan tarde que yo ya no estaba allí.
Perdido en la indiferencia de aquel al que le importa demasiado, decidió dejar de ser secreto y ahí empezó todo, justo al final.
Como debe ser.
Como siempre es.
Como todos los que se dejan a medias, finales.
Como siempre que intentas seguir y, al final, nada.
Empezó prometiendo existir, como hacen los magos de sombrero de copa, pretendiendo conejos y usando solo espejos. Espejos que solo reflejaban intentos de engaño sin llegar ni a inocentada, que tampoco habría hecho falta, yo ya me lo había creído todo.
Siguió comprando flores de las de mala calidad que se marchitan a la primera lágrima, la que huye tratando de pasar desapercibida, como si por allí no hubiera pasado nunca.
Y acabó al final, por el principio, como debe ser, como siempre es, matando todas la lágrimas y dejando las pupilas limpias como un cristal recién comprado que nadie sabe que ya se ha roto antes. Inventando así un nuevo ser, aparentemente sin estrenar, pero reencarnado tantas veces como sus finales le habían permitido.

lunes, 25 de agosto de 2014

Era bonita.

Era bonita,
bailaba en mi pecho,
crecía en las notas
de sus desalientos.

Era bonita,
tenía el compás
de la melodía
en la que nació.

Era bonita
y tenía de besos
que si te descuidas
te vendes por ellos.

Era sonrisa
y era un reflejo
de cada día
que pasas riendo.

Era ojos verdes,
era un secreto
tan bien escondido
que salta a la vista.

Era tan ella
que prendía fuego,
que terminaba el juego
sin haber empezado.

Era tan ella
que perdí mi yo,
que se me olvidó
que era demasiado bonita.

martes, 29 de julio de 2014

Somos aire.

Cuando eres noche y me desvelas
parpadeas en mi mente
y me pregunto
si es que existes por el día
o te escondes y me muerdes
cuando no te pienso tanto.

Cuando eres flores
se me caen los sueños,
como cada otoño,
todos sobre ti.
Se me pierde el aire,
se me olvida el hambre,
me marchito en ti.
Pero es tan bonito,
te vuelves tan hermosa
que hasta la primavera
peca de envidiosa.

Cuando eres viento
se enmudece mi alma,
hasta la calma calla
para oír lo que siento.
Hasta el cielo mira,
para vernos vivas,
para echar de menos
todos sus recuerdos
de cuando el universo
no era todo nuestro.

miércoles, 18 de junio de 2014

Gracias.

Quizás nos ha faltado tiempo.
Quizás me ha sobrado esperanza.

Pero no voy a perder lágrimas,
nunca he querido tan bonito.

No lloras,
porque no vale la pena.
Sientan mejor las sonrisas.

No lloro,
porque me lo prometí un día
y es la primera vez que no me cuesta cumplirlo.

Como ya decían
vale más lo vivido que lo perdido.

Y es que no hemos perdido nada
si nos hemos vivido.

sábado, 14 de junio de 2014

Finales felices.

Me quedo siempre con los finales felices, y mira que a veces los que acaban en rompeolas saben más a casa.
Será que yo ya tengo muchas olas rotas.
Y la sal me empieza a saber amarga.
Quizá sea la roca contra la que siempre me estrello. No se aparta a la segunda. Ni a la tercera ni a la sonrisa bonita que desde lejos predice un terrible desenlace.
Lo siento pero a mí ya no me vale el consuelo de los que tropiezan dos veces. Yo llevo ya quién sabe cuántas y no aprendo a saltarla. No me enseño a esquivarme, ni a mis gritos interiores; es difícil silenciarlos.
Eso sí, no me toméis por tonta, voy cambiando de veneno, aunque a secas sea el mismo. El problema es cuando el mar parece que está en calma.
Pero llamadme maniática si queréis, y qué le voy a hacer si me gustan más las olas cuando vienen con bandera roja.
No sabéis qué bien se nada al principio en la espuma, lo malo es al final, cuando se nada en tiburones, cuando ves bonitos hasta sus dientes. Y te acercas y lo acaricias, y el dolor es casi tanto que parece que sea un beso.
En ese instante el final feliz ni siquiera había estado como opción, pero oye, que quién sabe, todos creemos en milagros alguna vez en la vida.
Hasta que acabas en la orilla, dando gracias por tu vida, que has salvado de un naufragio. Aunque sepa ya que no. Que me he ahogado en lo más profundo y aún sigo intentando salir. Que la arena es de mentira y solo trata de amortiguar la falta de oxígeno.
Y es que no sabes que te estás ahogando hasta que todo el aire que te queda en los pulmones lleva otro nombre. Hasta que no recuerdas qué respirabas antes y hasta los más cercanos momentos se vuelven ya recuerdos.
No te das cuenta de que te ahogas hasta que el miedo empieza a llevárselos y traerte de vuelta a ti.
Y entonces la sal ya no me sabe amarga. Ya no sabe. Y el mar se vuelve negro y aunque el cielo llueva ya no me mojo. Aunque las olas rompan ya no las oigo, pero me obligan a nadar hasta el siguiente maremoto.

sábado, 7 de junio de 2014

La poesía de tu risa.

Adoro los días
en los que eres más poesía
que la pupila azul de Bécquer.

Los días en los que los versos
se te cuelan
por el reverso
de la camisa.

Esos días
que te bajan
las palabras
por las mangas
y tus manos se convierten
en las rimas que se vienen
a dormir a mis proyectos
de no pensarte en cada estrofa.

Días de antonimias cuando lloras en tu risa,
cuando el eco en tus ojos se transforma en poesía.

Días que vendería
todos mis días
sin conocer tu sonrisa de poesía.

miércoles, 4 de junio de 2014

En ti al cielo se llega antes.

Me siento loca, me vuelvo eterna.
Me pierdo en relojes, me encuentro en ti.
Y me vuelvo a perder.

Me trago el tiempo y me atraganto en ti.
Y escupo el tiempo y ya no vuelve a volver.

Se para el cielo, cuidado con las nubes
no se vayan a caer.
Ahora en ti, podría tocarlas;
cuidado conmigo, no sea yo la que me caiga.

Demasiado tarde, amor, las agujas han corrido más que yo,
se han dormido, cómo no; no han caído como yo.

Su incoherencia me contraria, pero es cierto que si jugamos
a imposibles gano yo.

Me he caído entre tu dedos, he volado entre tus miedos
y ojalá pudiese ahora colarme en tus deseos.
Pero el tiempo se ha parado
el tiempo me corta el paso.
Pues permíteme al menos aprender a andar de nuevo.

Pero es que no quiero, ahora bien, luego me quejo.
Le echaré la culpa al tiempo, con tantas vueltas ya no pienso.
Ya no siento lo que siento, ya no sé si se sigue moviendo.

Para, por favor, un rato, y me acurruco a tu lado,
pero sígueme corriendo cuando empieces a notarlo.
Cuando empieces a extrañarte y no puedas encontrarme.
En ese instante que te digo, te habrás perdido conmigo

Y no trates de buscarte, que ya se nos ha hecho tarde.
Aunque cualquiera se fía del tiempo
cuando nos ha vuelto locas.

Mira la parte buena,
nos sentiremos eternas.

jueves, 22 de mayo de 2014

Fragancias.

A lluvia.
A mojado.
A perfume desgastado
por la prisa,
por el viento
y el intento.
A silencio.
A mirada.
A sus manos.
A mi sonrisa
y su traición.
A su roce.
A la curva
de su boca
algunas veces.
A la falta
de su roce
otras veces.
A mis ojos
en su pelo,
en su nariz,
en sus mejillas;
en sus cosquillas
y mis ganas
de buscarlas.
A los trazos.
A los tacos
cuando dice;
y a todo
lo que no dice.

sábado, 17 de mayo de 2014

Fear.

Hi,
this is not an entry about poetry, or smiles that drive me crazy, or people, or dreams.
Well, maybe of dreams.
This is an entry about fear.
And fear sounds more real in my own language.
So that's why I'm writing in english.
This is probably the most stupid thought I've ever had, but who cares? Is anyone going to read this entry anyway?
Returning to the fear thing, I'm feeling that it is appearing more often lately. And is not about the school marks or the PAU tests anymore. It has been. But I'm almost done with all that.
Fear comes now when thinking about the next step. I've been focusing all my emotions, all my fear and anxiety on this very year the past nine months. I've been so into my studies, so into my own little world in which only books, teachers, family and a few friends could enter that I'm freaking out now about the day everything is over.
What is there after that? Is the real world going to explode in front of my eyes the moment I dare to open them?
Will I be able to survive the explosion? Will I be able to find myself out of the wreckages?
Will I know what direction to go? What path to take?
Where will I go then?
Down to where will I be capable of go?
Will I get someday all that places I've never got?
Will I see that sunrises, sunsets, seas, skies, towers, streets, people, stars I've never seen?
Will I go further? Further to where no one has gone. To where everyone has one.
Is this more than the diary I never write? Probably not. Probably, there will be one day when I read this in the future, that I will laugh of the fear. And that day I'll be satisfied I wrote this, so then I'll have something to laugh at.
Best wishes,
E.

lunes, 12 de mayo de 2014

Si muerden, sí. Y si no, que se queden también.

No suelo quejarme, a veces.
Sin embargo siempre se me queja tu ausencia, aunque estés.
Y cuando me ves, chilla un poquito mas alto
y me pregunta cómo es que no salto.

Pero es que si salto me caigo,
me tropiezo con mis pautas
y tú te enredas con mis fobias.

Me envenenas las ideas
y te mezclas con mi antes
(y con mi antes no se juega).

Igual que si remuevo mi odio por el café
y mi odio por el humo
(tres cucharas y media justo)
en tu piel y lo diluyo
con mi intento de escapar.

Ya sabes, que no me suele gustar lo amargo
y si es tóxico menos,
(aunque no, no lo sabes)
pero es que si viene envuelto en mariposas
que se queden aunque muerdan.

Que se queden aunque duelan,
que vivan aunque se mueran (a veces).

Si al final, será costumbre,
la que me voy siempre soy yo.

jueves, 17 de abril de 2014

Sonrisa como huida.

Tiene esa sonrisa de mañana de domingo. De como si te despertaras conmigo.
Tiene esa sonrisa de la luz por la ventana. De como si de menos me echaras.
Como cuando me cuelo en sus carcajadas. Y entonces ya no me sueltas.
Tiene una sonrisa que se esconde y que se tapa, que baila cuando se escapa.
Que me canta poesía y se queda con mis rimas. Y lo haces sin enterarte. Y yo lo escribo sin permiso.
Pero es que tiene la sonrisa por la que es legal robar(le) al tiempo unos cuantos dos por cuatros y llenarlos con retazos de tu risa en sol mayor (que el que brilla es el menor).
Pero tu risa es ya otra historia solo apta para suicidas.
(Y para mí.
Aunque bueno... sí.)

jueves, 6 de marzo de 2014

She'll come to me in a dream.

No sabe muy bien qué hace allí. A su familia se le ha antojado salir a comer fuera y no recuerda en qué momento se ha dejado engatusar para ir con ellos. 
El caso es que ahora está allí. Y va a tener que quedarse al menos hasta que hayan acabado de comer, lo que implica unas cuantas horas. Suspira.
Se ha quedado en la zona del bar mientras los demás están ya sentados en la mesa del restaurante charlando. Ya irá él cuando hayan llevado la comida.
Está sentado de lado en una silla, con la espalda apoyada en la pared y los pies descansando sobre otra silla. En el instituto solían decirle que eso era de mala educación. Pero ahora ya no está en el instituto.
Pasea la vista por la barra y se detiene en una chica detrás de esta, que le sirve un café a una pareja. Ella le estaba mirando y ahora que cruzan miradas sonríe. Él frunce el ceño, le resulta familiar. La chica se aleja a por otro café y de vez en cuando le vuelve a sonreír. A la tercera vez él le devuelve la sonrisa y a la cuarta decide acercarse a la barra. 
No es que él sea un macarra de estos que quieren hacer saber a las chicas que no son fáciles y que son ellos los que mandan, es solo que ella le descoloca un poco. Su sonrisa es demasiado bonita y sus ojos demasiado grandes. Le hacen ponerse nervioso.
-¿Te pongo algo? - le pregunta cuando llega frente a ella.
-Sí.
Y al ver que ella no se mueve añade algo más:
-Sorpréndeme.
Sonríe y se aleja por una puerta. En seguida vuelve con un vaso alto lleno de un líquido lila.
-¿Qué es? - pregunta él poniendo mueca de asco.
-Pruébalo - sonríe.
El chico entrecierra los ojos. Se encoje de hombros, sonríe y bebe un sorbo, sin dejar de mirarla. Juraría que le suena de algo, pero está bastante seguro de que no la conoce de nada.
-No está mal.
-¿Ves?
Atiende un momento a dos chicas que acaban de llegar y enseguida vuelve a donde está él.
-¿Has venido solo?
-Mi familia está dentro, se supone que hemos venido a comer.
-¿Se supone?
-Bueno, ellos han venido a comer y yo a hacer de buen chico acompañándoles.
-Entiendo - ríe ella.
Ríe él.
El caso es que hablan de más cosas. Algunas sin importancia, otras que sí la tienen. Él ya le ha robado la mirada a ella y ella la sonrisa a él. Pero en un momento él decide que debería irse con su familia, y se aleja hacia la mesa en la que se encuentran.
No se han devuelto la mirada y la sonrisa, así que ella le vuelve a mirar unas cuantas veces desde la barra y él le vuelve a sonreír desde la mesa.
En algún punto de la comida ella desaparece y él se queda un poco confundido. Vacío quizás. ¿Dónde está? ¿Por qué se ha ido?
Poco después encuentra una nota al lado de su plato del pan. De ella. Bueno, no sabe si es de ella, pero está bastante seguro. Al abrirla no puede reconocer lo que pone. Vuelve a sentirse confuso. Ve las letras ligeramente borrosas. Mira a su alrededor. Todo parece normal.
La ve salir por la puerta del local. Parece con prisa. Y nerviosa. 
Él vuelve a intentar leer la nota y vuelve a no conseguirlo. Se vuelve a poner nervioso.
Y ya no sucede nada más.
Porque se despierta.
Está completamente calmado a pesar de que en el sueño le iba el corazón a mil. Ahora sí que está seguro de que no la conocía de nada.
Pero le sigue resultando familiar.
Y sus ojos también.

sábado, 15 de febrero de 2014

"Tú has vuelto los misterios del revés."

Hay misterios sin solución,
y hay otros que la llevan ya consigo.
Hay misterios que no lo son
y otros que no lo parecen.
Hay silencios con misterio
y miradas en silencio.
Hay ojos que son un misterio
y luego hay días que estás tú.
Esos días los misterios
se confunden con tus labios.
Esos días los silencios
se respiran en tu voz.

jueves, 6 de febrero de 2014

Londres.

Londres. La ciudad de los sueños grandes y distintos. Pero no te pases de grande, que entonces acabas en Nueva York y después de vuelta a casa con unas cuantas decepciones de más y sonrisas de menos.
Londres, la ciudad de los que paran el tiempo antes de que les pare a ellos. De los que abren los ojos antes de que suene el despertador, friegan la taza del té antes de que den las cinco y están en Nunca Jamás antes de que Peter sobrevuele el Big Ben.
Londres, la ciudad verde. Pero no te pases de verde, que entonces acabo en tus ojos y luego de vuelta a los míos con unas copas de más y unas cuantas lágrimas de menos.
Londres, la ciudad que te llueve antes de que puedas pensar siquiera en llover tú primero. Que llueve más de lo que tú has llovido nunca, que puede ser mucho; que te llueve para que dejes tú de llover, o para llover contigo. La ciudad que te moja con gotas de culpa. Por haber llovido tanto.
Londres, que tiene algo en su forma de moverse, en cómo ella sonríe, en su estilo. Pequeña, que ya vuelven las sonrisas, que ha sido un largo invierno, pero aquí llega el sol. Ya llega, porque el cielo está azul y el viento es tan fuerte que me vuelve loca.
Londres, que siempre estará cuando yo no esté y me faltará hasta que pueda estar. Que me conocerá mucho más que yo a ella jamás. Que me esconderá por sus calles y yo, yo me dejaré extraviar.
Londres, espera a que tenga sueños grandes, relojes en hora, ojos marrones limpios de lluvia y me haya aprendido Abbey Road entero. Espérame, que entonces iré por un rato.

viernes, 24 de enero de 2014

Viernes de recordar cómo andar.

Está esta chica, que no sabe quién es ni qué hace ni qué quiere. Ni a dónde va, claro. Que anda con los ojos cerrados y va dando traspiés con sus propios pasos. Excepto algunas tardes de viernes, que sabe perfectamente qué pie va primero y cuál después. Pero no dura. A veces ni siquiera hasta la noche. Entonces empieza a intentar leer, o escribir. Ver alguna película. O a hacer algo que le guste. Intenta amar incluso, con esfuerzo y persistencia pone toda su ilusión en amar, pero ni siquiera sabe a quién.
De vez en cuando estudia, porque le gusta aprender, saber cosas, pero siempre acaba llegando a la misma conclusión de que no sabe nada. Si no te lo crees pregúntale por Sócrates.
Cuándo viaja siente que es de cada lugar en el que está hasta que empieza a echar de menos su casa, y en ese momento vuelve. Y entonces echa de menos los lugares en los que ha estado. Y vuelve a no saber a dónde pertenece.
E intenta encontrar un lugar al que pertenecer pero siempre acaba llegando a las mismas tardes de viernes. Que pasan y se convierten en noches.
Y lo suele solucionar yéndose a dormir, dónde no tiene que ser nadie.