lunes, 12 de mayo de 2014

Si muerden, sí. Y si no, que se queden también.

No suelo quejarme, a veces.
Sin embargo siempre se me queja tu ausencia, aunque estés.
Y cuando me ves, chilla un poquito mas alto
y me pregunta cómo es que no salto.

Pero es que si salto me caigo,
me tropiezo con mis pautas
y tú te enredas con mis fobias.

Me envenenas las ideas
y te mezclas con mi antes
(y con mi antes no se juega).

Igual que si remuevo mi odio por el café
y mi odio por el humo
(tres cucharas y media justo)
en tu piel y lo diluyo
con mi intento de escapar.

Ya sabes, que no me suele gustar lo amargo
y si es tóxico menos,
(aunque no, no lo sabes)
pero es que si viene envuelto en mariposas
que se queden aunque muerdan.

Que se queden aunque duelan,
que vivan aunque se mueran (a veces).

Si al final, será costumbre,
la que me voy siempre soy yo.

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