Justo ahora, pero hace tres suspiros y dos horas
vi a la casualidad dándonos una oportunidad.
Quizás ha empezado a confiar en mi locura,
tal vez ha empezado a ver bonitos mis delirios.
He creído por un momento en un beso.
Y ojalá te beso.
Y también te quiero,
todo el tiempo.
Hasta me huye el miedo,
se esconde en tu pelo,
y si busco en un enredo ya me quedo allí a vivir.
Pero ese no era el plan,
mi error fue no tener un plan.
Dimos una mano a la ingenuidad y nos cogió del brazo,
del corazón,
del cuello;
y se volvió imprudencia,
se tornó demencia.
Así que lo siento si ayer quisiste llamar,
me encontraba demasiado enamorada.
Hoy ya me ha bajado la enfermedad,
puedo respirar con normalidad.
Intentaré bailar,
como hago siempre que no quiero hablar.
O que no me quiero curar.
Para qué ir a terapia si nunca hay nadie al otro lado;
para eso, me quedo bailando sola.
O, lo que es lo mismo,
dando brillo a mis delirios.
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