Luz. Un rayo se cuela por entre las rendijas de la
persiana. Casi abro los ojos. Pero no me hace falta. Veo el nuevo día a través
de los párpados. Está ahí fuera. Me llama, como siempre hace. Parece que hoy lo
intenta con más intensidad, incluso. Pero aún no ha conseguido que le haga
caso. Y esta mañana no va a ser diferente. Aunque tengo la sensación de que hoy
me cuesta más resistirme. Las sábanas me pesan menos. Podría quitármelas con
más facilidad, salir de entre sus pliegues. Solo el hecho de pensarlo me agota.
¿Para qué? No hay nada esperándome ahí fuera.
Se escuchan notas entonadas por los pájaros, pero no
son para mí.
Se escucha, lejana, la risa suave de un niño, pero
tampoco es para mí.
También se oye el gruñido de una moto poniéndose en
marcha. Qué desagradable. Me alegro de que no sea para mí.
Creo que ya he visto suficiente mundo por hoy. Con
esfuerzo, deslizo mi cuerpo hacia el interior de las sábanas, como quien se
esconde de un perseguidor, y me quedo ahí, al igual que cualquier otra mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario