martes, 5 de febrero de 2013

Pereza.

Luz. Un rayo se cuela por entre las rendijas de la persiana. Casi abro los ojos. Pero no me hace falta. Veo el nuevo día a través de los párpados. Está ahí fuera. Me llama, como siempre hace. Parece que hoy lo intenta con más intensidad, incluso. Pero aún no ha conseguido que le haga caso. Y esta mañana no va a ser diferente. Aunque tengo la sensación de que hoy me cuesta más resistirme. Las sábanas me pesan menos. Podría quitármelas con más facilidad, salir de entre sus pliegues. Solo el hecho de pensarlo me agota. ¿Para qué? No hay nada esperándome ahí fuera.

Se escuchan notas entonadas por los pájaros, pero no son para mí.

Se escucha, lejana, la risa suave de un niño, pero tampoco es para mí.

También se oye el gruñido de una moto poniéndose en marcha. Qué desagradable. Me alegro de que no sea para mí.

Creo que ya he visto suficiente mundo por hoy. Con esfuerzo, deslizo mi cuerpo hacia el interior de las sábanas, como quien se esconde de un perseguidor, y me quedo ahí, al igual que cualquier otra mañana.

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