miércoles, 8 de mayo de 2013

P.

Estaba aburrida en lo alto de un árbol. Veía a la gente caminar allá abajo, por la Chepa. Los niños corrían, por supuesto (no sé si lo sabéis pero, aunque no pretendas correr, por la Chepa siempre acabas haciéndolo, es inevitable), y algún que otro perro les perseguía. Pero ya no le parecía entretenido. Se pasaba allí los días y las noches y observar a los demás no era, ni de lejos, tan divertido como ser la propia protagonista.

Todo lo que ella necesitaba era viento. Solo unas pequeñas ráfagas. Las suficientes como para ahuyentar a los paseantes (y corredores).

Afortunadamente, sin tener que pedirlo dos veces, la atmósfera la escuchó y empezó a mover su preciado aire. Primero un poco de movimiento por aquí, y luego un par de remolinos hacia allá. ¡Ya notaba como empezaba a desprenderse! El viento sopló un poco más fuerte y por fin liberó a la impaciente hoja de su rama. "¡Qué emocionante!" pensó. Había visto tantas veces a sus compañeras de rama desaparecer volando y nunca regresar de su viaje que no paraba de preguntarse qué habría fuera de aquel árbol para que ninguna volviese.

Primero acompañó al viento por las cabezas de los pocos individuos que quedaban por el lugar. ¡Si pudiera despojarlos de su sombrero seguro que se les quitaban las ganas de seguir por allí y le dejaban la cuesta para ella sola! Quizás si hiciera un pacto con alguna ráfaga lo conseguiría, pero no quería perder más tiempo revoloteando entre las orejas y los cabellos de la gente. Aunque, cerca de allí se paseaban los rizos rojos más bonitos que hubiera visto nunca, pero tampoco se paró a admirarlos. ¡Lo que ella estaba deseando era correr cuesta abajo como lo hacían los demás niños!

Por fin aterrizó en el suelo, o casi en el suelo, porque nunca llegaba a tocarlo con toda su superficie. Lo que hacía era rodar, cada vez más rápido, más rápido incluso que los niños que más rápido corrían. Se tropezaba continuamente, pero eso no aminoraba su velocidad. Se tropezó con los zapatos de una señora que trataba de sacar a su hijo de allí a duras penas, pues este se negaba a para de correr por la Chepa. Se tropezó con dos piedras que discutían sobre cuál había golpeado a cuál, sin ser conscientes de que había sido la zarpa de ese perro, que ya trotaba lejos, la que les había propinado el coscorrón. También se tropezó con restos de pan que alguna paloma desagradecida se había dejado debajo de un banco. Cerca del mismo banco se tropezó con un par de lágrimas abandonadas allí por culpa de un beso que nunca se llegó a dar. Se encontró después, un poco más allá, con la herida de un niño que quiso correr más rápido que la hoja y se pasó de listo. O de rápido, en este caso. Y se topó con muchas cosas más mientras seguía bajando y bajando; con otras hojas que habían parado a descansar, con la Casa de los Extraviados, con un globo pinchado de los de la señora de los globos de la entrada por la que siempre entran los niños... E, incluso, con Peter Pan, pero enseguida le perdió de vista.

Y hasta ahí puedo leer aunque, ni mucho menos, terminó en ese punto su carrera. Así que, ¿quién sabe con qué más cosas se encontraría la hoja caída en su viaje por los Jardines de Kensington?


"No hay nada en el mundo que tenga tantas ganas de divertirse como una hoja caída."

1 comentario:

  1. [23/4/13 - Entrega de premios literarios en el IES Computense]

    -Eva, al leer tu historia me recordó al poema de las hojas que viajaban, ¿te fijaste en él a la hora de escribir tu historia o no tuvo nada que ver?

    Aquella vez negaste la influencia de ese poema, pero ahora es obvio que "algo" te ha influido.

    Y después de esta observación he de decirte que me ha molado mucho. Lo que más me ha gustado son los elementos tan randomnianos que metes el relato, adornan la historia a la vez que le dan un dinamismo y un argumento que, aunque sea sencillo, es perfecto porque te transporta con el viento, con la hoja y con la imaginación de Peter Pan; además, "simple is beauty" (la misma frase lo demuestra). En fin, que desde mi obvio subjetivo juicio te doy un 9,999... que un 10 me parece mucho xD

    PD: ¿Pezuña o uña? Ninguna de las dos, ¡zarpa! XD

    ResponderEliminar