Es momento de comienzos, de empezar a despertar sin temores ni rencores. De abrir los ojos por la mañana y no encontrarse penas en la almohada ni niebla en la ventana. De creer en el azar y no mirar qué pie pones primero en el suelo al levantarte, de confiar al caminar. Es hora de crecer, de ganarle en brillo al sol, de no volver a llover, o hacerlo solo si ves que el mundo se marchita. De no dejar que se marchite y regarlo cuando ríes, cuando lloras de alegría.
Llegan días de sonrisas, de no vivir con prisas, porque has llegado antes que el despertador y puedes disfrutar más tiempo del café y de su calor. Puedes no quemarte, llegar a despertarte, parar un poco a arreglarte.
Ahora es tiempo de atreverse, de perderle el miedo a los tacones y aún así calzar cordones porque eres aún más grande y si te caes, te caes igual, pero quedan menos moratones. De usar rímel transparente que alargue las ilusiones y un pintalabios de color tan fuerte que avive corazones.
Es este instante que tienes aquí delante, que siempre ha estado preparado, que ha vivido esperando que te olvides de los sueños no soñados y te pongas a pensar en los que aún no han aflorado, porque ahora es el momento, ahora es cuando rompe el día y viene a buscarte el sol.
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