Está esta chica, que no sabe quién es ni qué hace ni qué quiere. Ni a dónde va, claro. Que anda con los ojos cerrados y va dando traspiés con sus propios pasos. Excepto algunas tardes de viernes, que sabe perfectamente qué pie va primero y cuál después. Pero no dura. A veces ni siquiera hasta la noche. Entonces empieza a intentar leer, o escribir. Ver alguna película. O a hacer algo que le guste. Intenta amar incluso, con esfuerzo y persistencia pone toda su ilusión en amar, pero ni siquiera sabe a quién.
De vez en cuando estudia, porque le gusta aprender, saber cosas, pero siempre acaba llegando a la misma conclusión de que no sabe nada. Si no te lo crees pregúntale por Sócrates.
Cuándo viaja siente que es de cada lugar en el que está hasta que empieza a echar de menos su casa, y en ese momento vuelve. Y entonces echa de menos los lugares en los que ha estado. Y vuelve a no saber a dónde pertenece.
E intenta encontrar un lugar al que pertenecer pero siempre acaba llegando a las mismas tardes de viernes. Que pasan y se convierten en noches.
Y lo suele solucionar yéndose a dormir, dónde no tiene que ser nadie.
viernes, 24 de enero de 2014
Viernes de recordar cómo andar.
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Y pasan los viernes, y con ellos las semanas, y con ellas los meses. Y al final acabas por no culpar al tiempo porque no es él el responsable. Él solo pasa mientras tú sigues impasible ante su andar. El día de la marmota, vivir en un cárcel, descubrir que sentir cada día lo mismo es como no sentir nada... ¿Será una etapa o será un aviso de lo que te depara el futuro?
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