Y lo siento.
Por mí.
Porque te siento.
Aún. Tanto.
Y se me cansa el alma de gritarlo.
Y el silencio se empieza a quedar sordo.
Me he vuelto el caos más desordenado que vayas a querer ordenar y fallar en el enredo.
Se me cambia hasta el tiempo de sitio y no me queda más remedio que ir contando los segundos que han pasado para no morir de aburrimiento.
Me voy consumiendo en propósitos vacíos que maté yo misma entre recaída y recaída.
Porque te tengo colgada de la pared y también de la piel y ahora soy yo la que me empiezo a caer a cachos.
He probado a llorar el dolor fuera,
cualquiera diría que con lo que escuece no desaparecería;
pero no
no hay nada productivo en deshidratarse por los ojos.
Qué se le va a hacer.
Salvarme muriéndome es mi manera de querer.
No es la mejor pero de momento sigo viva.
Y no sé qué hago escribiendo, será que no me gusta gritar y ahora es el papel es que está dejando de escuchar.
P.D. Me dijeron que en dos días era algo así cómo San Valentín (¿o era ayer?); quiero desear un feliz día de los no enamorados y ya si eso yo me acordaré de no querer.
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