lunes, 5 de octubre de 2015

Quiero.

Quiero romperme el cuello en todos los saltos que nunca he dado.
Quiero coserme a un niño que me recuerde lo que he perdido.
Quiero inyectarme un suero que lleve el sueño que ya no encuentro.
Quiero perderme en besos, en los que sean, en los que sepan.
Quiero encontrar un día cualquier excusa para que crean que tuve un móvil para escapar.
Quiero crecer de nuevo.
Y creer que puedo. Crecer.
Y creer.
Y correr.

Quiero salvarme de mí antes de caerme dentro y quiero poner un cuadro con todo lo que me he roto. Para recordarme que es arte porque te hace sentir algo. Para pintarme yo también e inventar que duele porque es bonito y porque ahí está la gracia que creía haber perdido.

La duda entre el punto final y la recaída.
Lo bello del quizás.
El terror de la sospecha.
El afán de auto-control.

Sé que nunca dejas de querer a alguien pero también sé que hay un punto en la historia, un cierto momento, en que serías capaz de irte. Y, aunque no lo hagas, es como si acabaras de volver de un viaje o de despertar de un sueño. Y ya puedes empezar de nuevo. En ese instante has acabado de escribir una página a la que siempre volverás pero nunca para quedarte.

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