Duele como el corazón nuevo de porcelana recién comprado que (suicida, en realidad) cae desde el estante rompiéndose en mil recuerdos. Como las sábanas recién cambiadas que no pierden tu olor porque se ha quedado olvidado en la cama. Como el sol que sigue saliendo a pesar de no ser tuyo y estar más lloviendo que nunca. Como el chocolate caducado que no llegó a tu boca y hoy amarga en la mía porque no decide a irse.
Duele como cada canción que ya nadie canta si no tiene a quién.
Duele porque ha sido, porque es y no será.
lunes, 24 de junio de 2013
Por las fechas de caducidad inexistentes.
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