Parecía que era el momento oportuno. El mundo la reclamaba después de una larga noche de sepultar recuerdos y escarbar entre sus sueños. Quizás el reloj había dado ya las doce, o solo eran las ocho. Puede que solo hubieran pasado un par de minutos desde que había enterrado su rostro en la almohada mojada por la lluvia de sus ojos.
Cuando los abrió encontró que la riada se había secado y se había llevado consigo toda la basura que había llegado hasta ella. La almohada la había perdonado y las sábanas, a las que había dejado acurrucadas en un rincón de la cama a causa de sus patadas, también.
No se confundía, era su oportunidad. Su elección de nueva vida de la noche anterior había sido acertada y, aunque no había sido consciente de ella hasta la propia mañana, ahora lo sabía con certeza. Se había despertado capaz de no volver a ponerse trabas a sí misma y con la fuerza de un alma limpia de pasado.
Miró por la ventana, aún tumbada boca abajo en la cama, y visualizó su día. Un sol radiante iluminaba la piscina que tenía nada más salir por la puerta, así como la playa a su derecha y la maravillosa ciudad un poco más allá. No era consciente aún de lo que haría durante las horas que aguardaban, es más, pensaba simplemente caminar en la dirección que sus pies le marcaran; sabía que no le llevarían al lugar equivocado, ya no. Y, si lo hacían, les regañaría y cambio de rumbo.
Se fijó también en su ordenador, listo para ser llenado de nuevas palabras y frescas ideas, después del derroche de tinta sucia, aunque necesaria, de la noche anterior. Pero pensó que primero viviría un rato y después ya se dedicaría a escribir, la inspiración estaría allí cuando volviera.
Y, tras tomar esta decisión, salió de la habitación dejando que se ventilaran los pedazos de memoria indeseados que pudieran haberse quedado pegados a la cama.
Bajé entonces la tapa del portátil y me dispuse a actuar como la chica de la historia. Era cierto que la necesidad de escribir había podido conmigo, pero ahora estaba dispuesta del todo a vivir. En realidad aún no había dejado brotar ninguna de esas grandes ideas, no había empezado a crear nada nuevo, lo que pasa es que nunca me han entusiasmado los diarios en primera persona.
*Clap* *Clap* *Clap*
ResponderEliminarMe ha encantado el final; no me esperaba que hicieses ese cambio de narrador, y la verdad es que lo peta. Con entradas así lo mismo hasta te haces famosa con el blog... Who knows... ¡A seguir escribiendo!