Había una chica.
Era joven. Era morena y llevaba el pelo corto, por encima del hombro.
Vestía una elegante blusa estampada, de flores, metida por debajo de una falda
negra. Y llevaba unos zapatos… ah, no, calzaba unas Converse. Unas Converse
rosas que le daban identidad, que la hacían diferente.
Lo que no he
contado aún es que estaba en un concierto. Un concierto de rock. Pero no era
uno de esos con mucha gente, era en una pequeña sala en un local que casi nadie
conocía. Ella bailaba, saltaba. Aunque el público estaba quieto y solo aplaudía
al acabar cada actuación, ella se movía ignorando al resto de mundo. Se reía.
Se lo pasaba bien. Levantaba los brazos y movía las caderas al ritmo de la
música y, de cuando en cuando, sacaba alguna foto con su cámara réflex.
Yo no la vi de cerca. No
podría decir si tenía los ojos azules, verdes o negros. Ni si quiera si llevaba
los labios pintado o no. Pero, eso sí, puedo asegurar que era auténtica.
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