Era una tarde
fría de verano, pero ella estaba en la playa como cualquier otro día, como si
hicieran los cuarenta grados habituales. Estaba escribiendo. Estaba tirada boca
abajo en la arena. Estaba mirando el mar. Y estaba mordisqueando un bolígrafo
azul mientras releía la última línea que había escrito.
-¿Qué haces aquí
con este frío? – Preguntó una voz masculina.
-Escribo –
contestó ella alzando su mirada azul hacia el recién llegado.
-¿Y qué escribes?
– Inquirió curioso el desconocido.
-Escribo. Escribo
almas, sueños. Escribo sonrisas y carcajadas. Escribo amor y desamor, amistad y
olvido. Escribo felicidad. Y a veces también tristeza. Escribo mar y olas. Te
escribo a ti, incluso.
-¿A mí? ¿Por qué
a mí?
-Porque acabas de llegar y
lo único que se te ha ocurrido preguntarle a una extraña es que qué escribía.
Por eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario