viernes, 16 de noviembre de 2012

Porque sí.


Era una tarde fría de verano, pero ella estaba en la playa como cualquier otro día, como si hicieran los cuarenta grados habituales. Estaba escribiendo. Estaba tirada boca abajo en la arena. Estaba mirando el mar. Y estaba mordisqueando un bolígrafo azul mientras releía la última línea que había escrito.
-¿Qué haces aquí con este frío? – Preguntó una voz masculina.
-Escribo – contestó ella alzando su mirada azul hacia el recién llegado.
-¿Y qué escribes? – Inquirió curioso el desconocido.
-Escribo. Escribo almas, sueños. Escribo sonrisas y carcajadas. Escribo amor y desamor, amistad y olvido. Escribo felicidad. Y a veces también tristeza. Escribo mar y olas. Te escribo a ti, incluso.
-¿A mí? ¿Por qué a mí?
-Porque acabas de llegar y lo único que se te ha ocurrido preguntarle a una extraña es que qué escribía. Por eso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario