martes, 27 de noviembre de 2012

Errónea forma de ser.


-¿Acaso sigues pensando que te podría querer? ¿Qué podrías siquiera gustarle? – pregunté soltando una risita -. Está claro que está loco por mí. Una pena que no pueda permitirme corresponderle. Pero no por ello vas a conseguir apartarle de mi lado – le dije mirándola claramente a los ojos.

-No puedes pretender que me aparte de él. Es más, no lo voy a hacer.

-Cariño, además de ingenua, eres persistente en lo que menos deberías. Veo que no entiendes las cosas. Pero no es solo por él. Es por todo. Tienes que dejar de actuar del modo en que lo haces, no haces más que perder el tiempo, no vas a conseguir nada, no vales la pena. Y te lo digo por tu bien, para que no venga luego alguien a soltártelo a la cara sin ninguna delicadeza. Hay personas que son mejores y personas que son peores – le informé de manera objetiva, no le estaba explicando ningún problema complicado de matemáticas, eso lo aprende uno solito mientras crece -. Pero, tranquila, puedes cambiar, puedes aprender a comportarte de manera menos anormal y, quizás, puedas llegar a algo.

-¿Sabes qué? Me importa bien poco lo que tú puedas opinar sobre mi valor. Realmente creo que haga lo que haga, tenga las consecuencias o finalidad que tenga, si realmente lo hago porque quiero y lo intento valdrá más la pena que cualquier otra cosa que tú hagas por el supuesto bien de los demás. Así es como soy, y pretendo enseñárselo a él y al resto del mundo. Y si a la gente como tú no le gusta, pues mejor para mí, porque no tendré que tenerles cerca. Y si a él no le gusta, pues una pena, yo le seguiré queriendo y cuando encuentre a una persona que realmente sí aprecie como soy, pues ya le dejaré de querer. A ti solo te digo que, por favor, no le hagas daño, aunque no creo que pueda cambiarte con decirte unas palabras, así que solo cruzaré los dedos por el chico que quería a la chica equivocada.

Y tras decirme esto se dio media vuelta y se alejó por un pasillo lleno de gente. Yo hice otro tanto de lo mismo hacia el otro lado, fundiéndome con la gente. Me encogí de hombros. Si eso era lo que quería pensar. Yo ya había intentado ponerle delante de los ojos su errónea forma de ser, si no quería verlo peor para ella.

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