Reír, gritar, llorar, sonreír, saltar de alegría, querer
pegar puñetazos, caerte, volverte a levantar, cerrar un momento los ojos para
luego volverlos a abrir, mirar al cielo, agradecer, compartir, rezar a la
estrella más alta, a la más brillante, desesperar, no rendirte, continuar
caminando, pararte un momento a pensar, pero seguir en seguida, convencerte,
convencer a los demás, enamorarte y enamorar, mirar más allá, imaginar, creer,
ser tú mismo. En definitiva, soñar.
Soñar.
Porque es lo que nos alimenta, lo que nos mantiene vivos.
Porque sin sueños no somos nada. No nos queda nada sin ellos. Si tenemos un
sueño tenemos lo más valioso del mundo, tenemos algo por lo que luchar. Porque
los sueños que continúan después de abrir los ojos por la mañana son los que
realmente valen, los que debemos perseguir. Si tenemos un sueño debemos hacerlo
realidad.
Soñar.
Soñar es vida. Soñar es levantarse cada día pensando “puedo
y lo haré”. Es estar cada vez más cerca y darse cuenta. Y sentirse feliz por
ello.
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