Está sentado en el alféizar del ventanal y mira hacia la calle. La gente se amontona a lo largo del borde de la fuente. Todos tienen un deseo que pedir, algo que quieren que se haga realidad. Las monedas vuelan hasta la superficie del agua. Él solo está ahí sentado con la canción de Asleep en modo repetición en su cabeza y sin nada por lo que luchar. Él no ha perdido nunca, pero porque nunca lo ha intentado. No ha sido por miedo, él no tiene miedo, es la persona más valiente, pero no ha sabido por qué luchar.
Pero en ese momento el volumen de Asleep en su mente disminuye y toda su atención se centra en alguien que está de espaldas a la fuente y cierra los ojos lentamente. Sus labios comienzan a moverse, formulando un deseo que él puede leer. El cabello de fuego de ella baila cuando su brazo por fin se alza para liberar la moneda, terminando a su vez de pedir el deseo.
Los ojos de él se abren y habría podido jurar que ella los ve desde la plaza, de lo grandes que se vuelven. Él se levanta de un salto y se aleja de la gran ventana, corriendo hacia la puerta y abandonando su casa a toda prisa. La canción de Asleep ha dejado de sonar y ahora se encuentra él solo, corriendo hacia la calle. Sale como una exhalación de su portal y mira por todos lados. ¿Dónde está? ¡Se ha ido! Pero, afortunadamente, consigue ver ese cabello rojo escabulléndose por una travesía.
Él corre hacia allí, sorteando con acierto todas las personas que encuentra en su camino, que no son pocas, y coge la calle que le llevará hasta ella. Justo en ese momento está entrando en una librería. Se apresura hasta allí y, cuando entra, ella ya está subiendo hasta la segunda planta. Una vez arriba se esconde detrás de una estantería, pero cuando él llega, ella ya se dirige hacia otro lugar. Vuelve la vista un par de veces, tiene la sensación de estar siendo buscada, pero nunca hay nadie. Y justo aparece él cuando ella ya cambia de pasillo. Y otro, y otro, y otro. Nunca está ahí. En una mirada que dirige él a la ventana, ¡ella ya está fuera!
Corre hacia la calle y consigue ver cómo tuerce la esquina. Consigue cruzar por los pelos el paso de cebra y a ella se le pone en rojo el siguiente semáforo. Ya está. El momento ha llegado. Because we can empieza a sonar, en su mente y por toda la ciudad. Se planta delante la pelirroja y, jadeando, consigue articular:
-¡Yo! Yo puedo hacer realidad tu deseo, y quiero.
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