martes, 2 de abril de 2013

Trivialidades de vital importancia.

Lucía cierra la puerta lentamente y se apoya sobre ella. Cierra los ojos, también despacio, y reflexiona.

"No ha salido jamás de mi habitación" piensa, sin querer admitir su inquietud. "Tampoco se lo he dejado a nadie".

Con los ojos aún cerrados y los puños inconscientemente apretados, casi clavándose las uñas, se imagina su habitación. Con todos sus rincones y recovecos.

"Vamos, ¡piensa! ¿Dónde puede estar?"

El mismísimo roce de su pelo con la madera de la puerta, de sus brazos contra su jersey, le hace perder la concentración y, cuando no puede más... ¡corre hacia el cajón más cercano y lo abre! Rebusca por su interior, pero no hay nada.

Corre entonces hacia su cama y se agacha para mirar debajo. ¡Solo suciedad!

Se desliza hasta la papelera y revuelve entre los arrugados papeles. ¡Más basura! Chicles, lápices rotos y entradas usadas de cine.

Se abalanza después sobre su bolso, no descubriendo más que brillo de labios, sus auriculares y una nota.

Se estaba desesperando. ¿Qué iba a hacer?

En ese preciso instante se abre la puerta de su habitación y alguien entra.

-Cariño, he encontrado la entrada del concierto de esta noche. Estaba en los vaqueros que echaste a lavar - dice con un papel en la mano.

-Mamá, no tienes ni la menor idea de cuánto te quiero - contesta Lucía depositando un beso sobre la mejilla de su madre mientras todos sus músculos se destensan y todos sus nervios recobran su actividad normal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario